Un desarrollador de vivienda convencional invierte, compra tierra, urbaniza, construye, busca al cliente y obtiene utilidad. Guillermo Jaime Calderón empieza al revés: primero busca al cliente.
En 2009, decidió fundar (MIA). Este emprendimiento pretende que las familias en comunidades rurales de alta marginación accedan a una vivienda digna. Con seis años de vida, esta empresa ha construido 23,000 casas en toda la República Mexicana.
Guillermo Jaime Calderón vio la oportunidad cuando se dio cuenta que 50% de la vivienda que se construye en el país se hacía bajo un esquema de autoproducción y que el metro cuadrado costaba 10,000 pesos.
Pero el principal reto, explica, era generar un modelo de negocio con capacidad de escala “fuerte” para atender a las familias rurales. Uno de los obstáculos que enfrentó MIA fue que varias zonas rurales eran inaccesibles para la construcción, además de que sus actividades económicas no eran reubicables.
“En las zonas rurales funciona distinto: viven del autoconsumo, siembran. Había que pensar que la actividad de una familia rural se vería mermada por irse a una vivienda formal. ¿Cómo le haces para llevarle una casa digna, en términos de calidad, de durabilidad, funcionalidad?”, se preguntó Calderón.
El sueño (casi) imposible de una casa digna
En México, el sueño de una casa digna parece imposible para muchos: 57.7 millones de mexicanos viven en estado de pobreza patrimonial. Este concepto se refiere a que uno de los materiales de su vivienda no es duradero, sino precario, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
A partir del año 2000, se promovieron campañas gubernamentales para que las familias tuvieran acceso a una casa y pasaran de 250,000 a 750,000 viviendas construidas. Sin embargo, los apoyos se enfocaban al sector formal, es decir, a todo sujeto de crédito. Las comunidades rurales se quedaron fuera del esquema.
Además, los mexicanos eligen créditos informales: 33.3% prefiere pedir préstamos a familiares o amigos, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).
Calderón considera que, en el combate a la marginación rural, es su responsabilidad convertirse en un aliado de todo el ecosistema social para hacer una empresa rentable, pero “tremendamente” social en México. “Hacer una vivienda en la sierra, sacar a una familia de una casa de madera y carrizo, tiene un impacto social implícito: un niño que no se moja es uno que se enferma menos.”





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