Pasamos un tercio de nuestra vida en la cama y con nosotros, millones de ácaros, bacterias y desechos orgánicos. Cambiarlas poco y lavarlas en frío puede ser peligroso y hasta fatal.
Si tuvieras unas gafas de visión ultramicroscópica te darías cuenta de que tus sábanas son, en realidad, un mar de ácaros, bacterias y mugre de tamaño infinitesimal. El menú fatal de tu sitio para dormir incluye restos de pieles muertas, pelos, bacterias, mohos, ácaros y materia fecal (sí, el sudor lleva bacterias E-coli. Su número esparcido por la cama aumenta si te gusta dormir en cueros y esos microorganismos abandonan su residencia habitual en el intestino, por el orificio natural, y salen a dar una vuelta por tu cama, por si pueden infectar algo por ahí).
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| Ácaros. |
Un lavado semanal. Es es el mínimo recomendado.
Las bacterias E-coli que entran en cada lavado. Son pequeños seres aterradores capaces de sobrevivir a los lavados en frío y atrincherarse en el tambor hasta el lavado siguiente. Un lavado a 30 ºC solo elimina al 6% de estas criaturas, mientras que el programa a 60 ºC garantiza el exterminio total. Y lo que es peor, las que se quedan en la lavadora podrían infectar la siguiente colada, ayudadas, de paso, por las nuevas bacterias adheridas a la ropa interior. Dejado a su libre albedrío, el Staphylococcus aureus, sin ir más lejos, puede causar infecciones urinarias o neumonía, mientras que la E-coli y el norovirus pueden acarrear desarreglos gastrointestinales. Para que la lavadora no se convierta en su cuartel conviene hacer un lavado mensual sin ropa con un desinfectante específico.
Los científicos proponen otra solución: añadir productos desinfectantes al lavado o recurrir a detergentes con bactericidas que se lleven por delante a los Staphylococcus aureus, Pseudomonas aeruginosa, Salmonella choleraesuis o Salmonella typhimurium. Otra solución más doméstica es aplicar la receta de las abuelas: tender al sol y esmerarse con la plancha.
Un lavado a la semana de sábanas es suficiente y los colchones hay que airearlos cada seis meses.
La funda del edredón hay que lavarla con la misma frecuencia que las sábanas y el propio edredón, al menos, al terminar la temporada de invierno. Las almohadas, cada tres meses. Si son de plumas, a la tintorería. Si son sintéticas, lavadora y a 60 ºC. Las cifras explican por qué: tras dos años de uso sin lavar, el 10% del peso de tu almohada corresponde a ácaros muertos o sus deyecciones. Si sumamos nuestras propias pieles muertas, restos de maquillaje, grasa, bacterias, hongos y los propios ácaros podemos llegar hasta un tercio del peso total de nuestra querida compañera de sueños.
Con información de: El País.






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