“No pienso que estemos perdiendo.
Hubo un revés táctico, eso es indiscutible, aunque Ramadi era vulnerable desde
hace largo tiempo”, afirmó Obama en una entrevista con la revista The Atlantic
publicada el jueves. Horas después se confirmaba la caída de Palmira y de un
yacimiento de gas. El avance de la yihad –el más grande desde que comenzó la
guerra- se produjo en menos de una semana, pese a que está vigente la campaña
aérea de bombardeos contra los islámicos presidida por Estados Unidos y de la
que forman parte una docena de países.
Mientras tanto el Pentágono
afirma que el envío de nuevos cohetes antitanques y la ampliación del
entrenamiento de tropa y oficiales en Irak, será suficiente para frenar el
avance yihadista. Los 3.000 asesores norteamericanos en territorio iraquí no
logran consumar el mencionado avance docente militar, como para revertir la
situación.
La última jugada serán las tropas
terrestres
El Estado Islámico en tanto
mantiene un avance incontenible por la provincia central siria de Homs, fronteriza
con Irak, y tomó el control de una importante planta de gas: la T3,
consignó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.
Los yihadistas dominaron el
enclave después de la retirada de las fuerzas del régimen de Bachar al Asad, y
de inmediato colgaron varias fotografías en Internet de la batalla en las
inmediaciones de T3, donde ganaron por su superioridad en carros de combate y
baterías antiaéreas.
Medio centenar de muertos del
gobierno y una treinta de yihadistas, y al menos 150 heridos en ambos bandos,
fue el saldo del enfrentamiento por la planta.
Siria reconoció también haber
perdido el paso de Al Walid, el último cruce con Irak que estaba en manos de
tropas del Gobierno, por lo que ahora el califato terrorista ha cortado
definitivamente la frontera al medio y ocupa en total unos 95.000 quilómetros
cuadrados sirios, la mitad del país.
Todo apunta ahora al envío de
tropas terrestres aliadas, como única posibilidad de salida a la situación,
mientras la Casa Blanca se niega a la opción y los republicanos en el Congreso
la estimulan al tiempo de acusar a Obama por el repliegue de 2011.





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